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Bajar de peso no solo implica dejar de consumir grasas y azúcar

Varios mitos son asociados con las causas de la obesidad, entre ellos el consumo de azúcar. Pero el azúcar, por sí solo, no es el culpable de esta epidemia.

El aumento del índice de masa corporal (IMC) es provocado por un desbalance calórico, es decir, cuando el consumo energético total que se compone por todas las calorías que se ingieren a partir de los alimentos (no sólo el azúcar), es mayor al gastado diariamente a través de las funciones básicas vitales y la actividad física.

Estas calorías no sólo van a provenir del azúcar o de otros carbohidratos, sino también del exceso en el consumo de proteínas y grasas.

Tanto la ganancia como la pérdida de peso son resultado de un desequilibrio, es decir, si se ingiere más energía que la que se gasta, se tendrá ganancia de peso, así como si se ingiere menor energía de la que se gasta, se perderá peso.

No se puede decir que el consumo de azúcar al ser excesivo, no influye en la ganancia de peso. Pero sí, que dejar de ingerirlo, no es garantía de que se bajará de peso.

Coma acorde a lo que gasta

De acuerdo a especialistas en nutrición “el balance energético se refiere a que debemos comer acorde a la cantidad de energía que gastamos. Todas las calorías cuentan por igual, independientemente de su fuente, lo que varía es el contenido calórico de cada alimento, pues cada uno es diferente”.

No se trata de dejar de consumir calorías, pues éstas son necesarias para desarrollar las actividades diarias.

“Es importante que las personas entiendan que las calorías son indispensables para el cuerpo humano porque tienen el rol de aportar la energía requerida para funciones básicas como caminar, pensar, respirar y de generar una reserva de esa misma energía para ser utilizada en períodos de ayuno”

cada país debe establecer formalmente las recomendaciones de la ingesta calórica diaria ponderadas para su población. Sin embargo, la mayoría de los países realiza estas recomendaciones basadas en una dieta de 2 mil calorías diarias, lo cual puede ajustarse en casos de déficit o exceso.

“Consumir 2 mil calorías diarias pueden ser excesivas para algunos y deficitarias para otros. Este es un promedio y los promedios no suelen reflejar la realidad de algunos miembros de la población”.

EL AZÚCAR EN LA DIETA

No está bien atribuirle la obesidad a un solo alimento o sustancia, cuando son tantos los factores que la generan.

“De todos los alimentos que componen la dieta de una persona, ninguno puede ser considerado como el único culpable de la obesidad. Al igual que todos los alimentos, el azúcar tiene un papel en la dieta y, consumiéndolo dentro de los límites adecuados, puede formar parte de una alimentación equilibrada. Debemos recordar que no hay alimentos buenos o malos, solo dietas mal balanceadas”

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria señala que la ingesta diaria recomendada de azúcares totales (azúcares agregados y naturales) para un adulto sano es de 90 gramos de azúcar al día equivalente a 360 calorías (1 cucharadita de azúcar de 4 gramos es la cantidad referida), esto basado en una dieta de 2 mil calorías.

Los carbohidratos o azúcares se clasifican como simples o complejos. Los azúcares simples están compuestos por una unidad de azúcar (monosacáridos, como la fructosa o glucosa) o por dos unidades de azúcar (disacáridos, como la lactosa o sacarosa), son una buena fuente de energía y se encuentran en forma natural en alimentos como las frutas, la leche y sus derivados.

Los azúcares complejos (polisacáridos, se encuentran en panes, cereales, vegetales ricos en almidón) tienen tres o más unidades de azúcar y a diferencia de los azúcares simples, estos se descomponen de manera más lenta en el cuerpo permitiendo que el azúcar en la sangre aumente de manera gradual.

“El cuerpo metaboliza todas las variedades de azúcares de igual manera y proporcionan la misma cantidad de energía, específicamente 4 calorías por gramo de azúcar. Lo importante es consumir el azúcar con moderación y dentro de una alimentación balanceada”

TODAS LAS CALORÍAS CUENTAN POR IGUAL

La especialista agrega que las claves para lograr el equilibrio calórico y evitar un aumento del IMC, son:

1.    Una alimentación balanceada que incluya las cantidades adecuadas de cereales, leguminosas, frutas, verduras, lácteos, carnes, pescados, aceites y grasas, así como una adecuada hidratación.

2.    La práctica constante de actividad física. En individuos sanos se recomienda realizar, como mínimo, 30 minutos de ejercicio físico moderado, cinco veces a la semana, o 45 minutos de ejercicio físico intenso, tres veces a la semana. El ejercicio físico comprende actividades como caminar, trotar, bailar o andar en bicicleta.